La imagen que permanecerá en el recuerdo de la Final de la Champions de Moscú es la del vídeo que hoy dará vueltas a lo largo del mundo, abriendo infinidad de secciones de deportes de los informativos. Que una final del partido por antonomasia del fútbol europeo se decida por un resbalón en el penalti vital, dice mucho de esa final, y crucifica al pobre jugador que tuvo la mala suerte de resbalar en su pierna de apoyo a la hora de golpear el balón. Triste viacrucis para Terry, que tendrá que vivir con ese recuerdo hasta que gane finalmente una Champions. Y el matiz, junto a la expulsión de Drogba, que decidió la final (Terry siempre está entre los encargados de los lanzamientos, y lo que seguramente hubiera pasado es que Anelka habría tirado el penalti más tarde).
Las finales hay que jugarlas por eso se pierden, y ahí está el mérito del jugador, si los entrenadores no se empicinan en ser parte activa de la final. Y por este lado viene mi sensación encontrada con respecto a esta final de Moscú. El fútbol inglés, que irónicamente no estará este verano en la Eurocopa, ha sido el claro dominador de la Champions, donde sólo han perdido cuatro partidos con el resto de clubes extranjeros, y vuelve la ironía cuando fijándonos en ambas alineaciones, tendríamos una amplia representación de la selección inglesa. Entonces, ¿qué fallo? ¿McLaren? Por ahí quiero meter mano a ambos entrenadores, por mucho que Ferguson siga ampliando su palmarés. Porque sinceramente, el United debe dar gracias a que el Chelsea tenga de entrenador a Avram Grant.
Los londinenses se han dedicado a jugar de la misma forma desde que el israelí cogió el timón, y lo único que ha hecho ha sido poner en el campo a los mejores, sin cambios tácticos, sin juego, sólo en base a un discurso psicológico y a la calidad de su plantilla. Es decir, administrar la herencia de Mourinho. El Chelsea ayer no hizo otra cosa que empujar y empujar, arrinconando al United en la segunda parte, sin saber como echar mano a un contrario que estaba poco a poco ahogándose en su cansancio. Se vio un despliege soberbio del centro de campo, pero sin ideas, o sin nadie que les dijese como maniobrar con algún cambio. Ese fue el problema de Avram Grant. Y es por ahí donde va mi crítica a Ferguson y su cuerpo técnico: con dos semanas de preparación para la final, no quisieron o supieron como resolver el juego, es un decir, del Chelsea monotemático de esta temporada, sacrificando a sus mejores jugadores en beneficio de que el conjunto estuviera replegado. Si me apuráis, durante 75 minutos el United estuvo pensando en los penaltis o en no perder, como si el miedo de la fatídica noche de Milán volviera sobre sus mentes.
Mi sensación tras la final de ayer es esa, que el fútbol salió derrotado, que fue un final esperado por la tanda de penalties, pero inesperado por el giro de guión dramático que le dotó al resultado el resbalón de Terry. Y poco más. Algunos diréis que las finales se ganan, no importa como. El problema es lo que queda presente en nuestra memoria selectiva. Y ésta indica que Ferguson no ganó la Champions, la perdió el Chelsea por pura mala suerte. Abramovich tenía la orejuda agarrada por las asas, y se le escapó de las manos. El talonario es lo que tiene, que no puede comprar la suerte de un equipo, que a lo mejor, empieza su desmembramiento a partir de este verano. Algo bastante probable si continúa Avram Grant como entrenador, y con más razón, cuando este partido deberían haberlo ganado en el tiempo reglamentario.
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